Hasta cierto punto es normal que el dirigente recuerde con incomodidad esos momentos, pero no lo es, el hecho de que acuse a líderes y entidades de otras naciones- sin evidencia alguna- que hayan tenido o no, conocimiento previo de esa acción.
Instituciones en su propio país no se escapan de la ira presidencial. En abril de este año ordenó el cierre del canal Radio Caracas TV también señalado de haber apoyado aquel movimiento militar. De igual manera la cadena noticiosa estadounidense CNN fue blanco del dedo índice del mandatario en referencia a las acciones del 11 de abril.
El colmo es que hace poco, Chávez acusó a los creadores de un juego de video llamado Mercenaries 2, de estar contra él, pues el tema del juego es derrocar a un tirano sudamericano.
Ahora resulta que ni siquiera el rey Juan Carlos I de España ha podido evadir las acusaciones de haber sabido con antelación sobre las intenciones de quienen pretendían terminar su inquilinato en el Palacio de Miraflores hace cinco años. En su más reciente participación estelar después de la clausura de la Cumbre, Chávez ha insinuado que el monarca español tenía conocimiento de lo que se fraguó en su contra.
Lo anterior resulta más intrigante si recordamos que el mismo Chávez protagonizó una acción golpista contra el entonces presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez en febrero de 1992; acción que provocó 19 muertos y 50 heridos aprovechando el descontento masivo provocado por las medidas de austeridad económicas implementadas por Pérez.
Tomando en cuenta lo anterior, el presidente de Venezuela no escapa a los señalamientos de que él personalmente ha instigado acciones militares contra otros jefes de estado. Esto lo aseguró el expresidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada en el año 2005 cuando acusó a Chávez de haber apoyado el golpe de estado en su contra efectuado en octubre de 2003. El dirigente boliviano puntualizó que los servicios de inteligencia colombianos estaban al tanto de las actividades ilícitas del coronel Chávez.
La verdad es que el venezolano ha sido actor estelar en la política latinoamericana desde su inicio, autoproclamándose defensor de los pueblos pobres, antimperialista y enemigo de la globalización. Hace esto amparado en el velo negro del petróleo que descansa en el fondo del Lago Maracaibo y lo convierte en el hermano mayor y bravucón de economías frágiles como Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Cuba- que se arriman tímidamente a él motivados por las promesas de inversión generadas por los petrodólares.
Pero en la mayoría de los casos, sólo ha sido eso. Promesas. En el ínterin, el mandatario ha sido incapaz de cerrar la brecha entre pobres y ricos. La indigencia crónica, el desempleo masivo, la corrupción, y el alto índice en el nivel del crímen, siguen ocupando un brillante lugar en esa nación. Todo ello a pesar de sus vastas riquezas naturales y las garantías de un socialismo nuevo.
Históricamente, las tiranías latinoamericanas han sido intensas. Quizá la de Chávez no sea la excepción, pero, su término - igual que el de algunos de sus similares - triste o no, deberá ser decidido por sus conciudadanos.
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